Guatemala Comunitaria

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Por Sergio Palencia.

“Lo nuevo vino siempre desde abajo; desde ahí se ha impuesto en contra de los usos establecidos.”

Ernst Bloch, IV. Desteocratización1

“Y luchamos por tener poder y no sabemos ni qué hacer con él. Sólo pido ver salir el sol y el sol quema por la radiación.”

Ricardo Andrade, Un día como pocos.

Estamos en un momento de incertidumbre donde lo iniciado el 25 de abril, pareciera haber terminado. La ola de indignación y protestas masivas fue haciéndose menos numerosa, de manera inversa a cómo la clase política-económica retomó el cauce con sus propios espacios y tiempos institucionales. El estallido de las semanas de fiesta y expresión sin norma fue transformándose en los “jueves de CICIG” y las protestas frente a edificios públicos. Allí los muros continuaron con lo que mejor saben hacer: simplemente estar y que el tiempo – su tiempo – pase, siga adelante, surja un nuevo desastre natural para cubrir los escombros con más escombros. Similar a los muros, Pérez Molina y los nuevos aspirantes a la presidencia – incluyendo la izquierda – se lanzaron junto al CACIF a sostener la fecha de las elecciones. La enorme espontaneidad fue cediendo al silencio de los muros, los caminos del quéhacer de lucha se fueron disgregando. Ante esto muchos piensan como el título del artículo de Edelberto Torres-Rivas: “¿Estamos perdidos?2”. Ahora algunos puntos para replantear la pregunta por la lucha y la esperanza social.

I.

Las incertidumbres son mundiales: lo saben los griegos, lo conocen los egipcios, lo perciben los guatemaltecos. Es humana-histórica pues. Dos grandes seguridades se deshicieron en menos de treinta años: la caída del bloque soviético en 1989 y la crisis capitalista de 2008. Con la primera se destruyó un horizonte de lucha donde la revolución social, asociada al partido vanguardista y la toma del Estado, fue concebida como una posibilidad realista de cambiar el mundo. Con la segunda el capitalismo de libre mercado produjo una nueva ola de expropiación mundial, con el aumento de la pobreza y el surgimiento de nuevas guerras. En Guatemala la síntesis de ambas crisis mundiales se da en 1996, con la firma de los acuerdos de paz. Mientras el gobierno, militares y guerrillas firmaban la “paz”, las élites oligarcas-militares continuaban la privatización de la energía eléctrica, la concesión minera y la explotación en las maquilas. Un nuevo estado de derecho era acordado mientras el Estado hacía negocios con servicios básicos y el dinero de las remesas y la cooperación internacional asemejaba sostener una sobrevivencia, cada vez, más difícil.

II. Un loco toma el fuego

Ríen los manifestantes al ver quemarse la piñata de una cucaracha. En ella ven la corrupción. Entre la multitud salta un hombre en harapos, calvo en la coronilla y con pelo largo alrededor de la cabeza. ¡Es un loco!, gritan. Agarra por la cola la piñata y le da vueltas. Los manifestantes y sindicalistas se hacen para atrás. El fuego quema. El loco empieza a sentir el calor y la suelta. Termina de consumirse el papel. El loco se pierde entre la gente.

III.

Ahora bien, el Estado de 1996-2015 tenía sus pies insertos en la guerra de exterminio de 1981-1983. La Constitución de 1985 fue entretejida entre alianzas militares, oligarcas y estadounidense donde el común acuerdo era una transición democrática acompañada de campañas contrainsurgentes. ¿No fue en 1987 que se lanzó la ofensiva contra las comunidades de Ixcán y el área Ixil? ¿No fue entre 1989 y 1994 que el Estado secuestró y asesinó a líderes de USAC, incluso dejando desangrar en el suelo a Alioto? Mientras tanto la clase capitalista oligarca impedía reformas tributarias y las redes militares controlaban las aduanas. Los finqueros y banqueros que impulsaron y apoyaron la guerra militar contra el campo y la ciudad rebelde ahora, con la democracia procedimental, educaban en su control estamental de la apropiación capitalista a toda una camada de abogados, jueces, magistrados, ministros y presidentes. La guerra continúo. El enemigo ahora era el delincuente común y las maras, aumentando el poder de guerra de la policía nacional y del ejército, sobre todo desde la crisis de 2008. Los pequeños propietarios y asalariados urbanos eran, día y noche, asustados con la delincuencia y el desempleo.

IV.

El 25 de abril el sentido común del enemigo interno estalló por los aires. Por lo menos momentáneamente. Esos miles de “contribuyentes” urbanos de la SAT vieron cómo el gobierno de la mano dura se había abierto para robar en las aduanas, en las privatizaciones (Puerto Quetzal), en las concesiones eléctricas y mineras. Muchos llegaron arrepentidos votar por quien los engañó, otros con la rabia centrada en Roxana Baldetti. Para muchos era la primera vez que iban a manifestar, por lo que temían ser reprimidos. El CACIF, como un padre protector, impidió legalmente el uso de la fuerza armada de su Estado y los asalariados pudieron ir tranquilos. También, con desconfianza, se acercaron quienes llevaban años e incluso décadas luchando. ¿Eran los empresarios los organizadores, era la embajada? ¿Nos usan? Muchos llegaron así desde la ola de la indignación. Se vieron. No era como las manifestaciones blancas de 2008 donde los empresarios y la clase profesional encontraron, en el asesinato de Rosenberg, la excusa para detestar la socialdemocracia “comunista” de Álvaro Colom. El 25 de abril estaba presente esa clase, pero no exclusivamente.

V.

Durante mayo lo múltiple y masivo llamó la atención. Aún los periódicos y canales televisivos privados se unieron al descontento, antes de que se les volviera a comprar. De repente la manifestación era “ciudadana” y “contra la corrupción”, términos utilizados hasta entonces. El descontento urbano brotó en las universidades, en las empresas, en las redes familiares y de amigos, en internet, en las reuniones nocturnas, en los periódicos matutinos. Pero, también, las sombras del sistema se iban moviendo. Llegaban vagabundos, desempleados, prostitutas, pordioseros, junto a las ventas de banderas, cervezas, aguas, pitos y bubucelas. Se aparecían ancianos – como fantasmas de otras épocas – hablando de Árbenz, de marzo del 62, del familiar comprometido que fue secuestrado. Las voces de la plaza ya no hablaban solo de corrupción – aunque los medios se enconaran en repetirlo – sino recordaban nombres: a Otto Pérez lo nombraron Tito Arias, a Juan de Dios le recordaron que era kaibil, a Maldonado Aguirre y Arzú les pusieron en la frente su participación con el MLN e incluso sus vínculos de la extrema derecha finquera, de escuadrones. Allí comenzaron a temer los herederos de la riqueza y la sangre edificada sobre ella. ¿Un fantasma recorre Centroamérica?

VI.

¿Qué hacemos ahora? Baldetti renunció, la gente bailó en las gradas del palacio y tomó las calles. El embajador Robinson por su parte, también tomó Casa Presidencial y apoyo al demacrado militar. El general Pérez agradecía el pacto de “institucionalidad”. Los manifestantes urbanos – profesionales, estudiantes – vacilaban con exigir la renuncia del presidente para no romper el “orden constitucional”. Empezaron a sentir que solo con las manifestaciones no lograrían cambios profundos. Había que ser realistas, una palabra con doble filo. Se siguió una agenda de manifestaciones los sábados a las tres y foros sobre reformas electorales, sobre antejuicios, sobre no romper el “orden constitucional”. Mientras tanto en las zonas periféricas seguía la guerra acostumbrada: sicariato, extorsiones, maras, narcotráfico. El enorme cinturón de miseria miraba a los manifestantes desde las destartaladas camionetas, vendiéndoles cervezas, cigarros y pitos, preparando granizadas, lustrándoles a muchos los zapatos. La intelecualidad guatemalteca, educada en la escuela de la ONG y universidades “cristianas o humanistas”, decidió guiar la unión luego de sus jornadas laborales. Criticaban al congreso y consideraban su alianza estratégica con la CICIG, embajadores y ciudadanos-empresarios honestos. Es mejor ver para arriba, a los poderosos-de-nuestro-lado, en “alianza estratégica”.

VII.

Como un lamento de Jeremías surge el escrito de Torres-Rivas: ¿Estamos perdidos? En el escrito describe bien un fenómeno de desesperación de los progresistas urbanos: «Son ya varias personas a las que encuentro en los últimos días con el rostro alterado por la preocupación, más bien que se reconocen un tanto aburridas porque la ola política vinculada a las movilizaciones de plaza ha disminuido; porque las iniciativas de CICIG-MP ya no alumbran de sorpresa el ambiente.». Ya no son miles los manifestantes, ya no hay correlación de fuerzas, nos llevan a las elecciones en estas mismas condiciones. Toda la claridad de las reformas electorales y del debate entre gobierno de transición y provisional, perece en la oscuridad. Los espacios donde apostaron – congreso, cortes, empresarios-ciudadanos honestos – al final no llevaron los cambios. ¿Sorpresa? No se ha conformado el gran frente ciudadano, progresista. La unidad es la fuerza y la única que puede permitir un cambio en la “correlación de fuerzas”, dicen. Las izquierdas partidistas, al igual que Mario David García, posaban para las fotos de campaña y los nuevos movimientos de ciudadanos-honorables empezaban a enumerar a sus miembros oficiales, como un partido en potencia. Cerrados sus canales y viendo que la gente no responde a la claridad de su visión se preguntaron ¿estamos perdidos? Mientras tanto, las granizadas cuestan cinco y siete quetzales, dice el joven de San José Ojetenam, San Marcos, en el parque central. Arzú prohibe ventas ambulantes en la sexta avenida, dice una niña indígena que vende lapiceros.

VIII.

¿Estamos perdidos? Si consideramos que el 25 de abril y la CICIG-MP es el alfa y omega de la lucha, sí. La desilusión es semilla alimentada por la oscuridad, pero solo si persiste. El tiempo del estado es el tiempo del capital, el de la dominación. Es el que le permitió a Pérez Molina enterrar ixiles en 1982, k’iches en Alaska en 2012 y manifestaciones multitudinarias en 2015. Pérez Molina es personificación del tiempo mítico, del eterno retorno, de la cabizbaja aceptación. Hacia allí apunta el CACIF, EE.UU., los diputados, los sonrientes embajadores – incluso los humanistas y engagés. Viendo exclusivamente hacia ellos impide ver hacia nosotros y, sin embargo, aquí estamos, a la par. La revolución no está adelante con el “gobierno de transición”, sino en una persistencia que sólo la memoria y el compromiso silencioso siembran, con dolor, en nuestro cuerpo. Persistiendo, crecemos, nos abrimos. ¿Cayó 1989 o 2008? Sí, pero estamos vivos en la indignación. Una joven q’eqchi’ cuenta cómo su padre fue el presidente del Comité Pro-Tierra en Panzós, su hermano alcalde de la comunidad y luchador por la tierra en disputa con la palma. El ejército mató a su padre en la década de 1980 y la seguridad de la finca asesinó a su hermano en la década de 2000. 1996, con sus acuerdos de paz y orden constitucional, no impidió que el Estado y el capital asesinaran a su familia. Ella junto a otras comunidades, lucha hoy contra la palma africana.

IX.

Todos están mojados de sudor. Alguien grita desde atrás: “¡el elemento!”. Otros le siguen el deseo. Se acerca un poeta-peludo desde la tarima y, con fuerza, grita también: “¡Qué viva Guatemala!”. Todos se emocionan. No se conocen y se abrazan. El mosh es hermandad en conflicto, golpe como abrazo, algo así como los apodos de raigambre popular guatemalteco. Es el año 2001 y todos escuchan a los Últimos Adictos. Catorce años después, en 2015, un grupo de rockeros de la Garra cantan en la plaza central. Entre las canciones hay una del peludo-poeta, Ricardo Andrade, víctima de la violencia en el país. La gente grita de nuevo, canta sus canciones. ¿Cómo se mueve entre la gente el recuerdo del “viva Guatemala” de Ricardo Andrade? La juventud como experiencia y volcán. No hay revolución que no traiga las voces y los cantos de quienes, aún muertos, nos regalan vida.

X.

Un hombre que sufrió el ascenso del nazismo, Ernst Bloch, dijo hace casi medio siglo: «Lo nuevo vino siempre desde abajo». ¿A qué se refiere? ¿Está relacionado hoy con nosotros? Ver solamente donde está iluminado es peligroso, puede que creamos que la verdad se mide por la luz de los reflectores. Es semejante a la pregunta de la lucha por la humanidad: ¿podemos cambiar el mundo con las prácticas y espacios reproducidos por el mismo sistema para sostener el muro, la mentira, la dominación que impone la división de clases? Sin embargo, no solo es cuestión de apreciación teórica u opinión del espacio y los tiempos donde hacemos las luchas. Los diputados nos enredan en sus agendas. Los presidentes en su proceso de antejuicios. Las mineras en sus órdenes de captura. Nos tiran adentro, esa es su dominación. A quienes defienden la tierra y el pueblo, contra los proyectos de expoliación capitalista, los secuestran y encarcelan. Los meten en sus procesos. Nos empujan a creer que el mundo es vertical y jerárquico, las personas, objetos; los tiempos lentos y urgentes de acuerdo a ellos. Pero una cosa es luchar sabiendo que nos tiran a su terreno – la violencia, la jerarquización, los procesos legales – y otra distinta es pensar que su terreno es la realidad entera. Contrario al “¿estamos perdidos?” persiste la pregunta: «Lo nuevo vino siempre desde abajo». ¿Qué es lo nuevo en Guatemala?

XI.

La flor de las manifestaciones de 2015 es la actualización del recuerdo y el saberse presente haciendo historia. Nos hacemos históricos en la creación, proceso que agradece un pasado que puede decidir heredar y se sabe único, irremplazable, irrepresentable. Es un tiempo anti-institucional que no aguanta el capital y que no soporta el Estado, pues ambos dependen del olvido continuo. Sentirse perdido no es malo, es parte de los cuestionamientos de quien va en camino hacia algo. Pero esa marcha implica estar dispuestos a romper contra lo viejo que ata, a sumergirse en la inseguridad de lo no iluminado por los noticieros y las cámaras de los poderosos. Si se piensa que tener a 60 mil personas en la plaza es importante por la “correlación de fuerzas” y negociación con el Estado, se piensa en términos instrumentalistas, similar a cómo mide su rating y popularidad un partido político o una empresa de hamburguesas. Cuando el CACIF y la Universidad Marroquín salieron a hablar del “debido proceso” y del “respeto al orden constitucional”, muchos progresistas urbanos aceptaron el terreno, con la pelota cuadrada y el árbitro establecido. ¿Persistir por 60 mil personas, por cien mil o por un millón? Eso puede ponernos a pensar con las estrategias del enemigo: juntar gente, decirles la “verdad”, conducirlas, hacer pequeños comités, enojarse porque no hacen lo que se quiere. Mientras, la flor. Una muchacha lleva escrito en su camisa: Vi morir a mi padre en un hospital sin abastecimiento. Esa experiencia única es capaz de dar vida porque ama, la raíz es manantial y no número de correlación.

XII. Desconfiando de la mochila del cuida-carros

El mayor crítico del poder debe conocerlo, pero no obnubilarse por su lógica. El peligro es creer que la cárcel es juzgado de autodefensa. Conocer por qué y cómo realizan sus acciones, su política, las artimañas legales, sus componendas. Todo esto es necesario saber y denunciar. Seis policías rodean a unos hombres que cuidan carros en el parque Morazán. Revisan con seriedad e intimidación sus mochilas. No encuentran nada incriminante. La clase política del capital oligarca, como Pérez, Baldetti, López Bonilla o Muadi están protegidos por el ejército y un cuerpo especial de la policía. El dinero robado no está en sus mochilas, sino en cuentas que se pretenden irrastreables. Confianza para el bien vestido, inspección para el vagabundo. Son instituciones hechas contra los de abajo. Es más ciudadano el carro-habiente que el cuida-carros.

XIII.

¿Cómo se mueve lo nuevo? Primero, como pregunta y dolor precisamente si pretende hacerse acto histórico. Luego, como proceso de conocernos y de saber que estamos atravesados por la herida de la historia. Solo nace si se persiste en la oscuridad. Es cierto que la CICIG y la embajada de EE.UU abrieron las posibilidades del 25 de abril, pero también que la cerraron en cuanto vieron un potencial social moviéndose. Temieron todos los de arriba por igual: crearon pánico financiero, pusieron fecha a los disturbios, movilizaron miles de personas con dinero, utilizaron el miedo a perder el trabajo. Su poder es el dinero y oponer a los de abajo entre sí. Siempre ha sido su método, con cambios en la forma histórica. Tenemos la certeza que el 25 de abril abrió en nuestro país – e incluso la región – una posibilidad, un horizonte. ¿Cuál con certeza? Aún no sabemos. Lo estamos buscando en toda la región: cuando en los municipios rebeldes de Guerrero, México queman las urnas, cuando los hondureños inundan con antorchas las calles del país, cuando en Barillas, Guatemala se niega el espacio del capital. Esa es una fuerza que viene desde abajo contra la dominación de arriba. ¿Sabe con precisión el camino? No, aún no y no obstante ya empezamos a movernos en un nuevo momento histórico. Para eso es central pensar la política desde la creación humana y la dignidad. Así nos hacemos históricos, heredamos lágrimas que engendran fuerza. Dándonos rompemos la lógica instrumental del capital: nada ni nadie nos representa.

XIV. No estamos perdidos

Somos pueblo, dicen los estudiantes universitarios. Pero, ¿cómo nos hacemos pueblo? Esta pregunta surge desde abajo y se mueve allí. Un nuevo nombre nos nace en el seno del pueblo: uno nunca antes pensado, como un nom de guerre clandestino. En el silencio de abajo se hereda el grito y la canción. En la creación nos hacemos parte de lo nuevo, heredando al pueblo histórico. El cantante-poeta, Ricardo Andrade, captó el secreto del presente que logra parir la esperanza: «Hoy que asomo a ver por la ventana / me doy cuenta que / es un día como pocos y / aunque es igual que todos / yo nunca lo vi». Lo nuevo viene desde abajo.

1 Bloch, Ernst. (1968 / 1983). El ateísmo en el cristianismo. La religión del éxodo y del Reino. España: Taurus, pp. 80

2 Torres-Rivas, Edelberto. «¿Estamos perdidos?», en: El Periódico, 9 de agosto 2015. Disponible en: http://elperiodico.com.gt/2015/08/09/domingo/estamos-perdidos/

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